martes, 3 de febrero de 2026

Prefiero que sea en otoño

 

Prefiero que sea en otoño,

con lluvia y campos floridos,

cuando las noches son largas,

y el sol pronto se ha escondido.

Cuando esté la mar serena

y negras rompan las olas

vertiendo sobre la arena

la espuma que les ahoga.

Cuando las almas en pena,

condenadas a estar solas,

salgan con la luna llena

hasta que llegue la aurora.

Me iré con esa esperanza

de que habrá lluvia en el cielo

y de que no muere el mar

mientras arroje el veneno.

Me iré a buscar esas almas

que cumpliendo su condena

quisiera yo visitarlas

por si aliviara sus penas.

Me iré pensando que el hombre

podrá cambiar el mundo…

que le valdrán sus errores

para utilizar valores

esenciales y profundos…

porque la edad fortalece.

Tengo la noche elegida

y la estación preferida

de un otoño que florece.

Implacable el tiempo pasa

y con él todo envejece…

hasta la muerte se crece

acortando la ventaja.

Ventaja de imaginar

el sueño del buen creyente,

al pensar que más allá

hay un cielo tras la muerte.

Ventajas para alcanzar

el perdón de los pecados,

por si logramos entrar

en ese cielo soñado,

ventaja para pensar

que si nacer es morir,

será un consuelo encontrar

un cielo que compartir.

No creo que existan condenas

de soledades e infiernos

ni creo en castigos eternos

para las almas en pena.

Como moriré dudando,

quisiera dejarlo claro

que pienso que deben ser

mis restos incinerados.

Que no quisiera morir

a un aparato enchufado.

Quiero un féretro ligero,

sencillo, que sea de pino,

que no pese demasiado

por si cargaran conmigo.

Me convertiré en cenizas

con mis órganos donados,

mis hijos, mi libro escrito

y mis árboles plantados.

Cuando me dejen ya solo

en cuatro tablas metido,

quedará mi cuerpo inerte

sin que sientan los sentidos.

Por eso escribo estos versos

con la fuerza de estar vivo,

para aliviar los temores

que a la muerte haya tenido,

para pedir que se arrojen

mis cenizas como os digo:

Será en un bello lugar

que ya lo tengo elegido,

de La Mata a Guardamar,

entre la mar y los pinos,

donde está la soledad,

que cuando voy a caminar

siempre se viene conmigo.

Es paisaje encantador

del cuadro que cada día,

con luz, sombras y armonía

sale a dibujar el sol.

Naturaleza en color,

que al amanecer ofrece

un marco de inspiración

que a las almas fortalece,

y en cortesía el oleaje

bien temprano se retira

y la arena de la orilla

tiende su alfombra al paisaje.

Todo invita a caminar

todo es poesía y color

y hasta las olas del mar

me invitan a conversar

como antaño sucedió.

Ya saben que fui marino,

que la mar me enamoró

y que a bordo de mi barco

charlábamos ella y yo.

Volveré a ser navegante

con mis cenizas al viento

y hablaremos como antes,

teniendo ya todo el tiempo.

El día que sople más fuerte,

de los puntos cardinales,

quiero que el viento del Este

me aloje entre los pinares,

entre azucenas marinas,

entre dunas y sarmientos,

sobre las arenas finas,

dominando en las colinas,

seré rosa de los vientos.

Y al Este en el horizonte

siempre podré contemplar

el sol y la luna llena

en su enorme majestad,

cuando solemnes se elevan

allá donde acaba el mar.

Cuando el mistral sea tan fuerte

que de la orilla os aleja,

juntos iremos enfrente

de mi pueblo, ¡Torrevieja!

Quiero arribar en sus costas

con mis cenizas disueltas,

para fundirme en sus rocas

y enraizarme entre sus grietas…

Cuanto arrecie un temporal,

ruego a la ola más alta

que rompa y lance mi alma

al espacio sideral…

Por si encontrara la paz

entre el silencio y la calma

prefiero que sea en otoño,

con lluvia y campos floridos…

no tengo prisa en llegar,

ni en que lleguen mis amigos.

Miguel Aráez Suárez


Después de 42 años, Gráficas Torrevieja cierra, se nos va un trozo de historia


    Hoy al contemplar una foto y unos anuncios en un diario local digital, he comprendido por fin, que esto no tiene marcha atrás, que la Empresa, que fundamos Miguel y yo se cierra. Tengo delante la foto de la nave, que ha ocupado hasta ahora nuestra Empresa, está pintada en azul y blanco, muy bonita. La puerta y las ventanas están abiertas, pero no se observa ninguna luz, están apagadas, como apagado está el fondo de nuestra alma, la de todos nosotros. Evitamos hablar, y si alguien habla, le rogamos que no siga. Nos duele mucho, muchísimo.

    Por eso quiero expresar por escrito mis recuerdos y parte del camino andado. Son retazos de vivencias que voy a tratar de narrar por orden cronológico, pero sin fechas, solo meses o épocas del año.

    Todo empezó por otoño de 1983. Después de un mes de vacaciones, Miguel volvió al trabajo y le dijeron que no, que unos días más, que no había trabajo. Ahí empezó Miguel a pensar en poner una imprenta.

    El local ya lo tenía: los bajos de su casa. El dinero: un préstamo de dos millones de pesetas de la Caja Rural Central. Una mañana, me vestí con la mejor ropa que tenía y fui a ver al Director, Don Carlos, paisano mío de Orihuela y me lo dio. Trini, la hermana de Miguel, fue fiadora, con la única casa que tenía. Este hecho no lo he olvidado nunca.

    Todo el material para trabajar: cajas con muchos tipos de letras, alguna máquina, guillotina… lo compró a unos intermediarios. Le salió muy bien.

    Estábamos asustados.

    Mari Paz me decía:

“-No pienses que vas a tener que pagar con tu sueldo el préstamo. Empezará a trabajar, a ganar…”

    Por otra parte, también me decía.

“-Os vais a meter en una cosa muy fuerte.”

    Mi hermana.

“-Que no me entere yo que pasáis ninguna necesidad. “

    Su tío y además jefe, ni siquiera le dio una máquina retirada, que ya no usaba:

“-La tienen mis nietos para jugar.” Fue su respuesta.

    Mi hermana:

“-No le van a dar ni una cuartilla.”

    Y así fue.

    El mes de febrero, fue el último mes de trabajo en la imprenta. Vestida de nuevo con lo mejor que tenía, fui a esperarle a la salida.

    El 1 de marzo de 1984, se abrió la imprenta y a los dos años justos estaba pagado el préstamo. No me lo podía creer.

    El primer trabajo lo llevó el Faraute del CIT, su amigo Eliseo, del Club Naútico el siguiente. La voz empezó a correrse….

    Una mañana de abril, primavera en todo su esplendor, mi hermana Margarita y yo nos íbamos a Orihuela, Miguel estaba limpiando una máquina. No puedo olvidar esa cara de felicidad, de ilusión…Mi hermana y yo lo comentamos:

“-Da gusto verle así.”

    Y la imprenta fue creciendo, el trabajo fue aumentando, más empleados, más material. El espacio de la planta baja se quedó pequeño. Hubo que habilitar el piso de arriba y por ultimo pasar a la nave, que se ve en la fotografía que tengo delante. Dos plantas: la entrada, donde se recibe a los clientes, bien decorada. Amplio taller, ascensor, despachos, aire acondicionado.

    Formamos una Empresa GRÁFICAS TORREVIEJA. Con protocolo, Consejo de Administración, Consejo de familia.

    Paralelo a todo esto mis hijos estudiaron, ambos, con los gastos que conlleva, se compró nuestra vivienda, se compró la nave, se compró una parcela en el campo de Guardamar, se compró un coche, se compró y construyó la vivienda que habito actualmente, se compró el local del museo. Se constituyeron fondos en Bancos.

    Y lo más importante. Se pagó puntualmente a todos los trabajadores y no hubo deudas a proveedores.

Anualmente se pagaban fondos a los socios.

A Miguel ya jubilado se le pagaba un alquiler de 2.000 euros.

A mediados de 2016 ya no hubo reparto de ganancias a los socios, el alquiler fue disminuyendo, hasta desaparecer y empezaron a haber pérdidas…

Hicimos todo lo que pudimos por seguir llevando la Empresa todos juntos. Siguiendo el protocolo, aportando ideas, contratando a un economista.

Todo ha sido inútil.

La nave se cierra y con ella nuestros sueños de dotar a Torrevieja de una imprenta con buenos profesionales, como se escriben los comentarios en internet.

La causa remota de dicho cierre quizá sea la crisis de 2008. En 2010 se empezaron a tomar decisiones unilaterales…pero no quiero seguir, no son causas ni culpas lo que yo quiero expresar.

Termino diciendo que levantar GRAFICAS TORREVIEJA fue un camino largo, con esfuerzo, también con más luces que sombras.

El alma de la Empresa fue Miguel, con su valentía, su profesionalidad, su arte para componer y su sabiduría para dejarse ayudar. Por su familia primero, todos su mujer y sus dos hijos, Después en el taller, la contabilidad, el trato con el público.

Para él más que para ninguno de nosotros, debe ser decepcionante ver caer algo tan hermoso y ya sólo le queda decir como a Garcilaso de la Vega en su égloga primera:

“Salid sin duelo, lágrimas, corriendo”



Conchita Moreno

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